1.
El arte contemporáneo puede entenderse como
1) una etapa dentro de la historia del arte;
2) una categoría estética, sinónimo de neoconceptual, que se
contrapone a parámetros estéticos propios de la pintura, de las habilidades
técnicas o de la producción material…
3) un artefacto cultural que construye jerarquías,
estandariza o exotiza prácticas artísticas, define una división internacional
del trabajo en la que a los países subalternos operan como swetshops culturales
dentro del circuito internacional del arte.
La manera en la que entendamos y usemos la categoría “arte
contemporáneo” definirá, en parte, nuestra adscripción ideológica y nuestra
posición e intereses en el campo del arte.
2.
No se puede hablar del fenómeno de la asimilación del arte
local, por el circuito internacional del arte, en los noventa, sin considerar la
transformación de la industria local después de las sucesivas crisis desde los
setenta.
Dice María de los Ángeles Pozas
Las empresas regiomontanas
durante las últimas décadas [del siglo XX] transitan desde su consolidación en
los protegidos mercados nacionales, hacia su exitosa inserción en la economía
mundial a través de alianzas estratégicas con empresas extranjeras dentro y
fuera del territorio nacional, para terminar reestructurando sus consorcios a
favor de las áreas vinculadas con cadenas globales de producción.
El periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari
(1988-1994) representó una alianza con los empresarios regiomontanos que no solo ayudó a esta reconversión
industrial, sino a establecer una infraestuctura cultural en la ciudad que la
preparó para la apertura comercial hacia el extranjero.
Así, nos es casualidad que paralelo a la firma del Tratado
de Libre Comercio (1994), se empiece a dar la integración de manifestaciones
culturales en el circuito internacional, sean de productores plásticos o de grupos
de rock en “La avanzada regia”.
3.
Sería ingenuo decir que la inserción de artistas regiomontanos
en el circuito internacional del arte se debe a la “alta calidad que las
manifestaciones artísticas han logrado en nuestra localidad”.
Han sido muchas las voces que han marcado el uso ideológico de
la asimilación del arte latinoamericano dentro del circuito internacional.
Desde los setenta Martha Traba señaló cómo la promoción del
arte latinoamericano en Estados Unidos operó, en un contexto de Guerra Fría,
como un colchón ideológico contra el bloque socialista, al promoverlo como el
éxito de esquemas de modernización económica.
Nelly Richard indica cómo es en estos esquemas de
colonización, en la asimilación del arte periférico por los países del Centro,
existe siempre una primitivización y exotización, al destacar solo su “contenido
social”.
Mari Carmen Ramírez y
Luis Camnitzer destacan que para integrarse al circuito internacional se debe
adaptar la lingua franca de la
estética de las vanguardistas de los setenta, de los medios de comunicación y
las nuevas tecnologías, convirtiendo cualquier manifestación en un producto
pausterizado y homogeneizado, en un mero formalismo sin ideología.
4.
Estas consideraciones iniciales me llevan a una serie de
cuestionamientos sobre la educación artística.
¿Cómo estamos enseñando, en las escuelas de arte de la
localidad, el “arte contemporáneo”?
Por la propia ideología, cultura, cercanía con la línea
fronteriza, la educación en Monterrey en general, la de las
artes en particular, se basa en modelos “internacionales”, se anima a los
alumnos a que se inserten en el circuito internacional de bienales y ferias
internacionales sin ningún cuestionamiento o negociación.
Es decir, entre líneas, cualquier filiación con lo local se
ve como un lastre y la ideología global es la que se subraya en vez de fomentar
nuestra pertenencia a esquemas de subalteridad.
Tal vez por eso respondemos tan mal, tan lento y tan
ingenuamente a la situación de riesgo (inseguridad, guerra, crisis…) en la que
vivimos desde hace más de 10 años.
5.
Es evidente que el circuito del arte opera en base a una jerarquía
y una competitividad que “asegura que la calidad impere”. Esta competitividad
promueve las mafias y evita la solidaridad gregaria. Si extirpamos la
solidaridad gregaria y la satisfacción cotidiana, estamos educando individuos
frustrados y pedantes.
¿Qué estamos promoviendo en las universidades cuando
enfatizamos el trabajo individual sobre el colectivo, cuando animamos a
nuestros alumnos a responder a una convocatoria, a establecer estándares de
calidad en base a la aceptación que tenga el circuito, dándole ejemplos o
modelos a seguir pertenecientes al circuito internacional del arte?
¿En vez de educar “beautiful losers” estamos educando
ejércitos de “awful losers” que pueblan los medios locales del arte?
6.
Luis Catmnitzer nombra a un reciente texto suyo:
“La enseñanza del arte como fraude” y lo primero que argumenta es que es falso,
como podría suceder en otras profesiones, que “un diploma de arte le asegure al
estudiante una supervivencia económica”.
De acuerdo a su experiencia, establece que la educación
artística, más que para conformar o robustecer el medio profesional del arte,
está encaminada a sostener a las escuelas de arte. Dice que de 500 alumnos,
solo 20 se incorporan al circuito de galerías, esto quiere decir que los 480
restantes se incorporan al mercado como maestros de arte (o se dedican al
diseño, la publicidad o a una segunda profesión para poder vivir).
¿Cuál es la certeza de esta promesa de la educación
artística, si incluso, parte de esos productores insertos en el sistema de
galerías, provienen de otras carreras o son “autodidactas”?
7.
Después de este panorama de “fraude”, preguntarse por la
relación entre educación artística y mercado, tratar de encontrar fórmulas que se
puedan reproducir para insertarse en el mercado, son el síntoma innegable de una
crisis.
Recordemos que los “diplomados” y los “programas
emprendedores” surgieron en repuesta a las crisis y a la incapacidad del
mercado de trabajo de asimilar a todos los egresados de las universidades.
Ese lema de “provéete de tu propio trabajo”, saliendo de la
carrera; “te hace falta algo más” para descifrar el mercado de trabajo… es
evidencia del fracaso del sistema: educación-trabajo-éxito de la modernidad.
Por eso, decirle a los estudiantes que lo que deben de hacer
es asociarse en colectivos, formar espacios autogestivos, estudiar una
maestría, ir a revisiones de portafolios promovidos por grupúsculos que
aprovechan las grietas del sistema para procurarse fondos… de algún modo es
aceptar y naturalizar las fallas en la estructura del campo profesional.
La educación es un esquema de control: aparato ideológico
del Estado, máquina de reproducción de
modelos sociales, creación de capital social.
8.
Con respecto a la integración de productores periféricos al
circuito internacional, Mari Carmen Ramírez dice
"En primer lugar, muchos de los denominados “artistas
internacionales” de nuestros medio continúan dependiendo del circuito
galerístico y museológico de sus países de origen para su supervivencia
económica. Este hecho sugiere que, en muchos casos, la visibilidad
internacional no necesariamente rinde éxitos económicos.
En segundo lugar, sería preciso reconocer que este grupo de
artistas internacionales representa solo un pequeño porcentaje de la clase
artística de nuestros países. Para la mayor parte de los creadores que
continúan operando dentro de contextos y tradiciones locales, el problema de
legitimación, aunque concreto y fundamental, sigue siendo una abstracción inalcanzable.
En tercer lugar, las exhibiciones donde se presentan estos
artistas, continúan siendo curadas en el Primer Mundo."
Estos tres escalones marcan la distancia que existe, para la
mayoría, entre las aulas locales y los circuitos internacionales de exposición
y su mercado.
9.
Dice José Luis Brea: “solo la joven es, auténticamente,
cultura… todo joven es el Mesías –una
promesa viva de que el mundo está siendo salvado, ha sido salvado en él, será
siempre salvado en sus infinitos avatares posibles– a cada instante… solo puede
serse artista si se es joven; solo puede serse joven si se es artista”
Independientemente de
que la categoría de artista joven, anula toda posibilidad de la educación
profesional, el artista joven representa la entrada efímera a un mercado del
capital ampliamente redituable en esta sociedad basada en la producción de
experiencia, en la producción de juventud, sin importar nuestra edad.
La categoría de arte contemporáneo es sinónimo de arte
joven, de sociedad dispuesta a la fiesta, a la experiencia del diseño. Ahí se
encuentra el mercado y por eso muchas de las carreras de arte están migrando
hacia el arte digital, el diseño de páginas web, el diseño de producto, el art
toy… sea como mercancía o experiencias sensoriales.
Nada qué ver con la capacidad crítica, con proveer
soluciones ante las situaciones sociales que nos agobian, evidenciar las
estructuras de poder que nos someten… eso no se vende, eso nadie lo quiere en
su sala o en su colección.
La
celda, 23 de abril del 2012
(Texto leído en la mesa Diálogo sobre el arte contemporáneo en Monterrey en la Facultad de Artes Visuales de la UANL, el 24 de abril)