el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Fanatismo y academia

Acabo de regresar de un simposio que organizó el Muac (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) en la ciudad de México. Pensando que era del interés de la gente con quien trabajo, los animé con tiempo para que también fueran. Así que allá coincidí con un grupo de alumnos y de maestros de distintas instituciones.

En uno de los múltiples descansos Raúl, un alumno, se me acercó para compartirme su angustia de querer aprovechar la coincidencia, pero temer acercarse con alguno de los conferencistas para tomarse una foto con él (“¿qué le digo?, se me hace idiota no poder articular palabra, pero no resistirme a hacer contacto. Soy su fan”).

Ya en otro congreso al que asistí, organizado también por una universidad, me llamó la atención la respuesta de los jóvenes a la sola presencia de algunos conferencistas. Todavía no empezaban su participación, todavía no leían su conferencia y los recibieron con aplausos desmedidos, chiflidos y breves gritos, incluso.
La reacción me parecía más adecuada para un rockero o un actor que para un conferencista.

¿Estos congresos se han vuelto uno más de los escenarios del circuito internacional de la cultura –junto con bienales y ferias de artes– y, como tal, se ofrecen como espectáculo?

Pero, dada la sinceridad con la que se me planteaba, concedía la posibilidad de que la reacción fuera auténtica. ¿Qué tiene de malo que jóvenes estudiantes admiren no ya a un actor, no ya a un cantante, sino a alguien, por sus ideas?, ¿No podemos tomar esto como una muestra de cercanía entre estos estudiantes –minoritarios, escasos– con su área de estudio y especialidad?

En la última conferencia hubo otro evento que llamó mi atención. En la sesión de preguntas y respuestas, una chava cuando le dieron el micrófono para preguntar, caminó hacia el escenario y empezó a decir: “Te admiro mucho, quisiera hacerte una pregunta pero no me gusta la distancia de este espacio”. Ante el desconcierto de todos nosotros subió y, una vez frente a la mesa donde esperaba atónita la conferencista, se sentó y continúo, “quiero preguntarte y que me contestes cara a cara. Incluso me gustaría que siguiéramos este diálogo fuera de aquí…”
La pregunta se planteó y contestó en esa cercanía teniéndonos a todos los demás como testigos de esa plática íntima.

Creo que es un nuevo fenómeno que se está dando, entre los jóvenes, en el área académica y que probablemente se deba o esté contagiado de comportamientos propios del medio por el que se difunde el conocimiento: internet.

Así lo platiqué con mis alumnos y ellos fueron empáticos con el planteamiento. Incluso preguntaron si yo, secretamente, no guardaba cierta admiración hacia algún autor teórico, si no era fan de uno. Les respondí que sí, pero que todavía no rebasaba la línea de tomarme una foto o subir al pódium a preguntarle cara a cara.

Esto mismo lo platiqué con el grupo de maestros. Todos ellos compartieron mi extrañeza a esa “nueva” reacción de los jóvenes. Esta vez me llamó la atención la reacción de alguien que con una contundencia que envidio sentenció: “Se me hace que toda esta reacción no es otra cosa que una espectacularización que habla de la frivolidad con la que se toma el conocimiento. Incluso considero un muy mal ejemplo que un maestro admita ante sus alumnos que es fan de alguien más.”

El único libro que compré en este viaje fue: Fans, Blogueros y videojuegos de Henry Jenkins. En éste Jenkins define el mundo de los fans más allá de su idea tradicional de seguidores fieles y mansos. Son una comunidad de conocimientos. Esta comunidad primero tiene contacto a través de una plataforma de contacto (fanzines); en ella se generan foros públicos y una cultura de intercambio; se establecen redes de comunicación que trascienden estas publicaciones; en las convenciones se ponen al día de las nuevas manifestaciones en el medio y se genera una coincidencia y diálogo entre los autores y los públicos.
Jenkins establece que el mundo de los fans y el de la academia ya no están claramente separados: “En los primeros tiempos, recuerdo la inquietud de los académicos cuando los fans invadían sus listas de discusión sobre estudios mediáticos. Ahora no podríamos mantener a raya a los fans aunque quisiéramos, y los fans que han cruzado la línea han demostrado su valor en reiteradas ocasiones. De hecho, muchos de ellos han realizado estudios de posgrado y han llegado a ser importante críticos culturales.”

En la última conferencia del congreso Spivak concluyó diciendo que su intención era pasarle la estafeta de esta necesidad de hacer crítica a los y las jóvenes estudiantes. Enfatizó que más importante que hacer crítica ahora, era hacerla a partir de ahora.

Esos estudiantes fans, que aplauden y chiflan a sus teóricos preferidos, que rompen las barreras autoritarias y se sientan cara a cara para preguntar, esos estudiantes que se toman fotos con los conferencistas, van trazando líneas que reconfiguran y cuestionan transversalmente los estamentos del poder académico.

Yo prefiero seguir platicando las frescas inquietudes con esos estudiantes fans y compartir con ellos una mesa de cantina, que ayudar a consolidar el mundo académico de poder cerrado.

5 comentarios:

  1. Hace unos años eso mismo pasó con Marina Abramovic en el SITAC, fue recibida y despedidad con aplausos y gritos, hasta una sesión de firma de autógrafos se aventó.

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  2. Irving, el caso de Abramovic tal vez se justifique por ser productora. Lo que llama particularmente mi atención es esta reacción hacia "teóricos". En el Muac Canclini y Spivak fueron recibidos así.
    Reyna, gracias.

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  3. jajajajaja soy tu fan también...

    a mi no me parece extraño, creo que es exactamente lo mismo el fanatismo de twilight al de canclini... absurdo, pero bueno, mínimo uno dista mucho del otro.
    espero nunca beber a ciegas lo que un teórico escupa en sus libros.

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  4. elma, el punto es romper las dicotomías tipo fanatismo bueno y fanatismo malo; hacer evidente que no hay tal pasión irracional ni racionalismo objetivo. la construcción del conocimiento se da en esa mezcla de apasionamiento y racionalidad, sin abismos, sin distancias donde se enquista el poder.
    gracias.

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