Toma un círculo, acarícialo y se convertirá en un círculo vicioso.
Eugene Ionesco
Aquellos augurios recurrentes de que la tecnología nos volvería sólo receptores pasivos, de que perderíamos nuestras capacidades creadoras (desde la robotización de Metrópolis hasta la idea de la caja idiota), se han visto equilibrados por la posibilidad que nos ha abierto de convertirnos todos en productores, de que nuestras frases, ocurrencias, videos caseros, reflexiones se materialicen, tengan una distribución pública o sean la base de acciones más amplias que desequilibren la jerarquía de los poderes establecidos.
Facebook, por lo amigable de su interface y la cantidad de gente que se suma a esta plataforma, se está convirtiendo en la nueva esfera pública, el nuevo mercado, la zona de influencia, el terreno a conquistar y capitalizar por todos los estamentos de la sociedad.
Por eso no es raro que cada vez más se vayan sumado al fb productores culturales que, a través de esta plataforma, distribuyen o comparten algunos ejercicios de producción que están haciendo en el espacio digital (videos, blogs, videoblogs, podcast, sistemas de noticias y opinión…).
Frente a este umbral amplio de resonancia pública todos caemos en la tentación de echar a andar esta máquina de distribución con nuestras modestas producciones, en busca del contenido perdido.
Facebook no es la calle
Facebook es un simulacro de la calle. La ley de la calle es una versión de la ley de la selva. Los mensajes sociales compiten por el poder entre la propaganda política, la publicidad, la resistencia simbólica de los marginados, el desgaste y la ruina natural en el proceso de crecimiento urbano, la demanda de vivienda y trabajo de la población migrante, la violencia generada por las desigualdades sociales y por el crecimiento de la corrupción y la lucha de poder de este amplio espectro social.
Conseguir la atención en esta vorágine no es para cualquiera, no es tan fácil. Que los recientes levantamientos sociales en el Magreb se hayan dado por estas vías digitales, solo afirma el grado de arraigo al que ha llegado el descontento de la calle.
Facebook es distinto. Hay gente que piensa que cualquier mensaje, al ser alojado por estas máquinas de distribución, se convierte en un éxito mediático. Entienden mal la premisa de que el medio es el mensaje.
Miente, Pinocho, miente
He visto con curiosidad cómo X con 1990 amigos adjunta en fb las primeras entregas de su videoblog y pide la opinión de los miembros de su red social; cómo varios académicos abren un grupo que alberga más de 500 miembros para difundir los post de su programa digital; cómo migran de una lista de correos hacia fb las diarias entregas de un servicio de noticias; cómo F, con más de 1000 amigos, comparte las entradas de su blog en el que promedia 1000 visitas semanales.
En esta máquina de distribución, en esta máquina de producción de lazos afectivos, que es fb, parece que el contenido no importa, que no tiene cabida. Los ejemplos que arriba doy u otros muchos son recibidos invariablemente con una avalancha de felicitaciones y de comentarios positivos. La crítica es la excepción; la verdad, el diálogo, inexistentes.
Y es que en esta plataforma social, en la medida que todos somos productores (de frases, ocurrencias, blogs, comentarios…), todos también somos receptores de las producciones de los otros. Somos público cautivo, estamos encerrados en un círculo de reciprocidad que mantiene fluyendo el afecto, parece que lo que produce es la mentira.
Facebook es la utopía vuelta realidad de una comunidad, un espacio público libre de disenso. Pero nos olvidamos que el disentir es lo que enriquece la vida pública, porque es lo que puede producir el diálogo.
Humberto comenta sobre una participación mía en fb “¿qué sentido tiene todo esto, qué aportación, y a quién o a quiénes les deja algo? Cada quien a ver quién dice la ocurrencia más ocurrente... ¿y?, ¿qué queda al final de todo esto?, además de lo que cada quien le pone en sentimiento a su "participación" ¿Se trata de la microacción social, dada la lógica del micropoder? Parece, más bien, que el fb trae esta lógica de que uno quiere poner una ocurrencia, tontejada, aforismo, pensamiento profundo o vacilada que suscite el mayor número de comentarios y posicionamientos; que este es ‘el botín’ de los que tienen más capital fesibuquero”.
Parece que en fb sucede, con los productores culturales, lo mismo que Ionesco establece con el círculo: toma un productor cultural, acarícialo (llénalo de comentarios positivos en respuesta a su aportación) y lo convertirás en un productor cultural vicioso, que se envicia en la dinámica de producir, en vez de cuidar sus contenidos.



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