el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Hacer cosas con palabras

Solo en una sociedad emancipada, que hubiera conseguido la autonomía de todos sus miembros, se desplegaría la comunicación hacia un diálogo, libre de dominación, de todos con todos, en el que nosotros vemos siempre el paradigma de la recíprocamente constituida identidad del yo como también la idea del verdadero consenso. (Jurgen Habermas)
Hay ciertas líneas de fuga por las que persisten obsesivas y “estructuran” este blog, independientemente de los temas cambiantes que dan vida a cada texto.
Alguna vez Marco me comentó que le llamaba la atención cómo en el blog se podían mapear las conversaciones que cotidianamente tengo y cómo las ideas resultantes iban anidando, se iban tejiendo, en él.
Desde su apertura he insistido que, a la escritura, se antepone la viveza del diálogo.
Al ir escribiendo cada una de las entradas se me hizo evidente que la producción, el sentido importante, es el que en esas conversaciones se dan y que esta escritura no era más que un residuo, un registro, una sombra de esa dinámica de la charla.
En la medida en que los seres parecen perfectos, permanecen aislados, cerrados sobre sí mismos. Pero la herida del inacabamiento les abre. Por lo que puede ser llamado inacabamiento, desnudez animal, herida, los diversos seres separados se comunican, toman vida, perdiéndose en la comunicación de uno con otro. (Georges Bataille)
Sea comparada con una improvisación de jazz, sea establecida desde un tiempo real, en el diálogo directo, en la conversación se buscan esos valores de vulnerabilidad, exposición al otro, de manera horizontal que rompe las estructuras jerárquicas y establece un contacto directo con el flujo vital.
En el constante encuentro con distintos grupos o personas se estructura una red por la que fluyen proyectos, trabajo, afecto, problemáticas y temores compartidos y que, a través del diálogo, construye sentidos y conforma comunidad.
Esa red de conversaciones opera como una sinapsis social por la que fluyen los sentidos, se constituye como un proceso virtuoso en el que somos conjugados por la palabra y es en este sentido en el que ésta, la palabra, se vuelve obra, práctica, proyecto.
La crítica debe mantener hoy una práctica completamente pública, comprometida con la acción comunicativa y sobre todo con el activismo comunicativo: recreando una cultura de oposición en formas concebidas específicamente para resistir los inevitables intentos de cooptación. (Brian Holmes)
La conversación, el lenguaje, es una herramienta que, en tanto me permite conformar un modelo de entendimiento y sentido para mi experiencia cotidiana, transforma la realidad.    
Últimamente se ha materializado en este espacio el propósito simple de producir conversaciones, de mostrarme dispuesto y proveer las herramientas para esta coincidencia con el otro y favorecer esta práctica “sistemáticamente”.
Mientras más conversaciones produzca, más sentidos y más lazos significativos se irán construyendo. Más recursos de defensa ante los estamentos de poder tendré(mos).
El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o sistemas de dominación, sino aquello  por lo que y, por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse. (Michel Foucault)
Mis propias limitaciones me han orillado a tratar de llevar las conversaciones, el diálogo (y su residuo: la escritura), a una práctica transformadora, a pulirla como una herramienta de trabajo que me permita hacer cosas con palabras.

Vi el capìtulo final de la Historia del Jazz. Me impresionó el caso de Sunny Rollins. Después de tener éxito en presentaciones y discos decidió abandonar el medio y se dedicó a practicar en un puente de Nueva York durante dos años hasta que consideró que su ejecución había adquirido la calidad.

Siento que este dedicarme a producir conversaciones es un poco ponerme a practicar en el puente hasta mejorar mi desempleño.  
Más que un guardabosques que proteja el discurso o los conceptos como un territorio, como un objeto preciado, me he convertido en un discutidor, en un merolico, en un sofista que quiere mantener viva la hoguera del diálogo… hasta que me duren las palabras.

1 comentarios:

  1. Hola Maestro, por acá visitando su blog, ya luego lo leo con tiempo y todo. Me ha fascinado su taller, tenía tiempo de no escuchar a nadie hablar 'mi idioma', saludos y cuídese mucho :)

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