Hace más de 10 años, como parte de la columna tecnostalgia en velocidadcrítica, escribí este texto. Con toda esta reflexión sobre música y vulnerabilidad creo que su lectura adquiere un nuevo contexto.
Piezas para piano
Más allá de la atracción oscura que cualquier máquina despierta por el simple hecho de ser esa ortopedia que desalinea nuestra imaginación, al contraponer la frialdad del metal, la dureza del engranaje, a la tibieza y vulnerabilidad de nuestra piel; la máquina de escribir logra en su teclado un encuentro fortuito, casi afortunado, de una facultad lúdica, intangible, con un preciso mecanismo de ingeniería.
Inalcanzable objeto del deseo. En una adolescencia que busca darle realidad al cuerpo, el salón de mecanografía aparece como ese rito de tránsito que eleva la escritura al rango de la madurez de un pensamiento que se formaliza, se socializa, al mismo tiempo que adquiere velocidad.
En mi recuerdo se mezclan la falda verde, a cuadros, de la maestra de mecanografía, con esa búsqueda de yemas cegadas por la tapa de goma que cada tecla tenía para memorizar su colocación en el teclado. Todavía hoy que escribo, siento que mis dedos siguen tanteando en la oscuridad, tratando de encontrar, excitados, la combinación exacta como si fuera la falda lo que rozan.
El gusto por la escritura en mucho es ese gusto a generar, sobre la hoja en blanco, un ritmo mecánico; de alcanzar, sin importar otra lógica que ese ritmo, la armonía de los martillos golpeando sordamente sobre el rodillo de goma. Una carrera entre las palabras y el espacio marcado siempre por esa campanilla que anunciaba el abismo de la hoja.
Les Luthiers lo materializaron en un instrumento musical en el que las teclas de la máquina de escribir golpea sobre unos tubos de metal como campanas tubulares.
Si escribir con la pluma sobre el papel evoca la rasgadura, escribir a máquina es una improvisación de piano. Piezas para piano solo. En eso se convierte cualquier texto escrito directamente sobre el teclado, para hacerlo sonar, para percutir las delicadas varillas de metal.
El cambio al procesador, lejos de hundirme en la nostalgia, me permitió acariciar la luz. No es ya la hoja en blanco, sino una superficie de luz lo que este ciego fraseo hiere.
Ahora sé que no es sólo mi imaginación: la primera máquina de escribir tenía teclas de piano.
el epitafio como motor de contenidos
Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.
A destiempo, a contracorriente.
Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.
Escribo este blog como un salto al vacío.
Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.
Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.
Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.
Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.
A destiempo, a contracorriente.
Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.
Escribo este blog como un salto al vacío.
Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.
Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.
Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.
Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.
viernes, 11 de marzo de 2011
Música y vulnerabilidad III
Etiquetas:
escritura,
vulnerabilidad
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