el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

viernes, 25 de marzo de 2011

Que se abra la tierra

Trasncribo el texto que evidencia las intenciones o sustenta el proyecto MuBACo.

A este proyecto, de Ismael Merla y Calixto Ramírez, fui invitado a participar.

Museo Ray Bar de Arte Contemporáneo: MuBACo

Que se abra la tierra es una invitación a no quedarnos en una primera capa y ver hasta dónde podemos llegar al generar cuestionamientos a un problema global, abordado desde nuestra ciudad; es una provocación a todo y nada en especifico.

No se trata de utilizar el bar como un espacio “alternativo” ni convertir los eventos que en él se originen en “muestras de arte”. Lo que se intenta es crear un espacio crítico, en una grieta. Se trata de ver cómo se reconfiguran las relaciones que sostienen el circuito artístico, al convertir un bar en el Museo Ray Bar de Arte Contemporáneo: MuBACo.
MuBACo será sobre todo un espacio de reflexión crítica que abra la posibilidad de repensar, rearticular, las relaciones, simbolizaciones, prejuicios, estructuras, intercambios, mitos, que instituyen el circuito del arte.

El propósito es invitar al público a reflexionar sobre la banalización de los espacios culturales de Monterrey y sus alrededores, así como sobre los abusos en la utilización de términos mal comprendidos que, ante la ignorancia y el oportunismo de los miembros del medio cultural, intentan llenar, con estrategias especulativas y discursos vacíos, los espacios no habitados del circuito cultural.

No está mal que los diferentes grupos e instituciones que conforman la ciudad organicen eventos con la intención de generar relaciones públicas y capital, el problema aparece cuando estos grupos se quedan en la superficie y no profundizan en las necesidades básicas y en los problemas que tenemos en los diferentes niveles de nuestra sociedad. Esto es tomar la cultura como un espacio de banalización.
Estos eventos solo dan material para una discusión privada que se desgasta hasta llegar al chisme improductivo. Lo que se necesita es crear una discusión pública que realmente pueda generar un dialogo y problematizar sobre la función de la cultura en nuestra sociedad y ver hacia donde nos puede llevar.

La cultura organizada por ciertos espacios privados termina siendo excluyente ya que a la plática de pre- inauguración solo entra gente con invitación, evitando de esta manera a estudiantes, profesores, teóricos, críticos y cualquier otro curioso dispuesto a platicar e intercambiar opiniones, el acceso a la discusión.

Las instituciones culturales del estado se han convertido en una oficina burocrática más. En vez de promover la cultura, parecen preocupados en hacer grilla para poder conservar su puesto ante la incertidumbre del cambio frecuente de gobiernos. Organizan homenajes, mesas donde los productores hablan de sus proyectos y trayectoria, pero nunca promueven mesas de discusión o crítica pues se saben el blanco más visible.

Los llamados “espacios alternativos” o los colectivos de jóvenes que abundan, parecen estar más preocupados por organizar fiestas que, bien sazonadas por una verborrea conceptual quieren hacer pasar como arte.
Todo esto genera un circuito de discurso vacío: notas periodísticas, reseñas y pseudocríticas puestas al servicio de esta espiral inflada que busca solo el ascenso, la notoriedad pública a través de la superficialidad, en vez de un diálogo que abra la tierra y genere cultura viva.

Pareciera que a las instituciones culturales no les importa generar un público activo, por lo que es común que estos eventos se caigan por sí mismos ya que la preocupación se centra en el número de visitantes, un buen diseño de la invitación, anunciar su evento por redes sociales y la aparición de una serie de fotos en las páginas de sociales.

Tampoco vemos como solución el que los intentos por generar una cultura dejen de existir. La solución tiene que venir de un público activo que se rebele ante propuestas obsoletas, disfrazadas, sin contenido y la comodidad de no opinar. Al formar públicos críticos dichos espacios asegurarían un sistema de control de calidad pues sus propuestas serían recibidas por un público no conforme, dispuesto a opinar y criticar.

Entendemos por arte la posibilidad de expandir nuestra realidad al someternos a un proceso de simbolización, por lo tanto es imprescindible construir centros de pensamiento con la intención de interactuar con otros. Queremos que se trasciendan los límites de lo feo o bonito, aspirar a una experiencia de convivencia chida.
Es muy triste asistir a estos espacios con la intención de conocer gente comprometida y ver que solo es una fiesta con cosas colgadas en la pared, ir a eventos donde anuncian que habrá arte y solo encontrar arquitectura, diseño industrial, grafico o de moda.

¿Por qué tratar de validarse a través de la palabra “arte”? ¿Por qué todo tendría que ser arte? ¿Por qué al show de malabaristas llamarle performance? ¿Por qué a una casa llamarle museo? ¿Por qué un museo de arte contemporáneo no siempre muestra arte contemporáneo? ¿Por qué encontramos manualidades propuestas como arte objeto? ¿Por qué anunciar un Rembrandt cuando lo que se presenta es una copia arrancada de un libro y, tristemente, mal colgado?

Lo más absurdo de todo es ¿Por qué, como espectadores nos quedamos callados, por qué estamos tan conformes? ¿Por qué incluso sentimos que al asistir a estos eventos nos enriquecemos?

Necesitamos hacer que la tierra se abra.

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