el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

martes, 12 de abril de 2011

Construir patrimonio con palabras

1.
Empecé a impartir un taller de crítica hace dos semanas. Para contextualizar la función de la crítica revisamos el trabajo de Terry Eagleton.
Después de la segunda sesión del taller, me robaron mi mochila. Con ella perdí varios dispositivos de discurso: 2 libros, 2 libretas, algunas publicaciones y un usb que utilizaba para transportar documentos que tengo en la memoria de mi laptop. En este robo no me robaron nada.
2.
Eagleton ubica la función de la crítica en el (re)establecimiento de la esfera pública. Por centrarse en el discurso, le asigna una función igualitaria, racional y colectiva.
La crisis de la crítica se debe, sobre todo, a tres factores: la especialización del conocimiento y su reclusión en la academia, la privatización y la erosión de la autoridad de la esfera pública.
La crisis de la crítica es una cuestión de pérdida de representatividad pública del discurso. Al volverse un lenguaje espacializado de la academia, al volverse promotor de las industrias culturales y al defender los intereses de los partidos, se pierde la respresentatividad del discurso público.  
3.
Restablecer la esfera pública implica que los contenidos sean creados colectivamente y que el medio donde se difunden y se fomentan sea sustentado por un patrocinio colectivo para liberarse de los intereses privados.
La función del discurso público, más que establecer criterios comunes, es formar públicos capaces de producir sentidos comunitarios.
4.
La disyuntiva que en otro espacio planteaba entre la necesidad de ejercitar la producción de un discurso crítico o formar un criterio que permita contextualizar los comentarios en un marco conceptual que le dé profundidad, queda disuelta en el ejercicio de la conversación.
En la conversación no es necesario establecer un grado de dominio del discurso para producir o tener accesos a las problemáticas que se plantean en ciertos textos y, por otro lado, las carencias conceptuales de unos, son sufragadas por otros, dada su naturaleza colectiva.
La conversación es la construcción social de un andamiaje de palabras que no tiene propiedad. Al instituirse o hacerse pública esta conversación, esta estructura conceptual construida socialmente, se pone a disposición de los otros esta construcción para que los otros la usen  de acuerdo a su deseo o necesidad.
En tanto que el conocimiento adquirido de manera privada o desigual sean vuelto público y colabore en la construcción de un herramental conceptual, dispuesto para quien quiera usarlo (no propietarizado), se vuelve un patrimonio que puede ser capitalizado por cualquiera.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada