el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

sábado, 21 de mayo de 2011

El flautista de Hamelin II

Transcribo una conversación que tuve con Luis Calvo (de Don Apolonio) sobre la práctica de la enseñanza

Luis: He pensado cosas que debí haber pensado antes...
Mis cuestionamientos me llevaron el viernes pasado, que por fin abrieron el Azotacalles, ante una gran borrachera, a reventarme una botella de Victoria en la frente. Quiero declararme del club de los alumnos suicidas.
Les pregunté a mis alumnos ¿cuál es la posición del alumno principalmente de artes?

Eduardo: ¿Qué te contestaron? o ¿Qué te contestaste?

Luis: Pues resulta difícil la respuesta... En cierto sentido porque la esperanza del alumno es venir a escuchar verdades y casi métodos de acción.

Eduardo: …Y la esperanza del maestro es que las verdades vengan de los alumnos.
Luis: Por ejemplo una alumna empezó a hablar de museografía y de un manual que había conseguido... Yo le pregunté cuántas expos había montado y me contestó que 1 en el pasillo de la escuela.
Hoy hablé con Leonardo (¿te acuerdas de él?) sobre su proyecto para el Foescap. Me di cuenta que cuando platicaba con él me estaba resolviendo dudas que tenía y que he tenido de lo que hago.

Eduardo: Cada que cuestionamos a un alumno nos cuestionamos a nosotros mismos. Eso nos da credibilidad.

Luis: …y responsabilidad.

Eduardo: Sí, la responsabilidad de seguir haciendo por nuestra parte para poder seguir dándoles material a nuestros alumnos futuros

Luis: Está bien chingón... Ya entendí claramente al flautista.

Eduardo: Cuando sientes que tienes mucho que aprender es cuando te dedicas a "enseñar”.

Luis: Está bien chingón. Esa sensación que dan los silencios entre las pláticas para organizar ideas o traer ejemplos, me gusta.
­Eduardo: ¿Te das cuenta que ese reventarte la botella en la cabeza puede leerse simbólicamente? Esa necesidad de "abrirse la cabeza".

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