En el mes de mayo estuve trabajando en dos proyectos de exposición: Imágenes en tránsito de Marco Treviño (en Don Apolonio, Cholula) y una revisión del acervo de la Pinacoteca de Nuevo León.
En estos dos ejercicios se tejió el cuestionamiento sobre la función de las exposiciones en la época de la reproductibilidad y del flujo de información debido al internet.
Los cuestionamientos principales tenían que ver con reestructurar el papel del productor en estos eventos, que en vez de ser el “agasajado” y que esto lo ubique en el vértice de la pirámide, se convierta en el anfitrión y, de este modo, rearticular la relación con los públicos.
Por otro lado se pretendía “desenfocar” la imagen. Es decir, que la imagen, la obra material dejara de ser el centro y punto de admiración aislada y se insistiera más en las formas sociales de ver, en las dinámicas que estructuran la imagen.
Exposición flujo
El entorno digital no sólo cambia la forma en la que la imagen es producida y se distribuye, sino además cambia su estatuto. De ser una forma de “congelar el instante” y contribuir a la construcción de la memoria, se vuelve un flujo cuyo sentido es el de generar conectividad instantánea convertida en dato.
La lógica de acceso a estas imágenes digitales nos pide surfearlas o zappearlas. Nos lleva, más que a una genealogía que les confiere contexto, a una lógica, rizomática sí, pero también que les anula toda referencia al contexto. Nos distancia de su sentido y nos deja desamparados frente a la fuerza de su “vacío” formal, perdidos ante la velocidad sin fin de su multirreferencialidad de radical libre.
Así como, al fluir, la imagen digital hace evidente la red y el formato del dispositivo por el que circula, se pretendía que este ejercicio de exposición-flujo, al no quedarse colgada en las paredes sino mostrar una cara diferente cada día, más que la permanencia de la imagen, evidenciara las estructuras que hoy sostienen la imagen.
La información que el dispositivo provee a cada toma, su flexibilidad para establecer vínculos y la forma en que ésta nos sirve para, al ubicarnos en el tiempo y el espacio, conformar nuestra identidad ya no en la representación, sino vueltos estadística, sujetos de la geolocalización.
Por otro lado, la rotación en el la salas de exposición evidenciaba a la pared como la única constante. Al romper su neutralidad de “cubo blanco”, da a leer los dispositivos inmersos en este espacio expositivo. Esa pared blanca va absorbiendo el sentido, el poder de representación de cada una de las imágenes que se han presentado y se presentarán aquí; fundando, en esa acumulación que se resume en el blanco, su valor y poder de negociación que establece con el circuito del arte, como la red lo hace con la imagen digital.
También esta exposición-flujo, fue atravesada por una serie de eventos: talleres, una mesa de discusión sobre el rol del productor cultural, visitas a universidades para platicar con los estudiantes de artes.
Si bien en algunos momentos, la exposición en sí misma parecía perder relevancia ante otras dinámicas (el tiempo breve de permanencia de las imágenes en las paredes, el constante paso entre el primer plano y casi ser escenografía…); lo cierto es que lo que perdieron en protagonismo las imágenes (la obra), lo ganaron esas efímeras conversaciones, esos lazos afectivos, esas pequeñas reflexiones cotidianas que, alrededor de las imágenes, se construyeron.
Ensayo visual
Otra cosa que la reproductibilidad genera en las imágenes es la posibilidad de ponerlas a dialogar.
El Atlas Mnemosyne de Warburg y el Museo imaginario de Malraux sentaron paradigmas que generan una lectura dinámica de las imágenes basada en un sistema de contraposiciones.
Los estudios iconográficos o los ensayos visuales emprendidos por John Berger evidencian que más que concentrarse en manifestaciones individuales, esta contraposición de imágenes evidencia la mirada social o la forma en la que la mirada es construida socialmente.
Si bien la curaduría parece ser el dispositivo que en el circuito del arte permite generar nuevas lecturas (flujo, temporales) a las colecciones (estáticas, espaciales), muchas de ellas –al tomar conceptos filosóficos para sustentar estas lecturas– se alejan de la comprensión social y se resignan a buscar entre los especialistas su público.
Al buscar enfatizar la mirada social se busca, más que aumentar la audiencia, aumentar la cantidad de sentido que se genere.


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