el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

miércoles, 1 de junio de 2011

Poner un circo y que nos crezcan los enanos (Cholula como estado del alma II)

Una de las discusiones que vertebraron mi viaje a Cholula fue el analizar y plantear un modelo para entender la emergencia de los proyectos culturales autogestivos en las últimas décadas. 

Di un taller que intencionalmente llevaba el irónico título “Kit de superviviencia para proyectos autogestivos” y  empezaba con una reflexión sobre el papel de la producción cultural que parece requerir de estos cursos y talleres en su camino a la profesionalización.
La pregunta era ¿realmente le ayudan a sobrevivir en su autogestión o son síntomas de una crisis mayor?

Qué tipo de profesión es la producción cultural que, después de los estudios profesionales, necesita cursos y talleres que enseñen cosas tan básicas como: ¿cómo vender nuestra profesión?, ¿cómo hacer proyectos?, ¿quién es nuestro público?

La sobrevivencia de los proyectos autogestivos (y los productores que los emprenden) depende de cómo se conciben, de la imagen que se conforman de su trabajo y del modelo de interpretación que utilizan. Elegir un modelo de interpretación (equivocado), tener una conciencia (equivocada), es lo que nos lleva a sobrevivir (o sucumbir) en nuestro desarrollo profesional

Coordenadas para contextualizar los proyectos autogestivos

Para entender el trabajo autogestivo, que a partir de los sesenta empezó a proliferar, es importante, primero ubicar el lugar que ocupa en las siguientes coordenadas

1. Su relación con lo marginal, lo subalterno

Una tendencia ubica a los proyectos culturales autogestivos como una representación de la contracultural, como una manifestación de la “izquierda”, como manifestación de resistencia, como movimiento crítico.
Dado el perfil de las actuales manifestaciones de lo autogestivo cabe preguntarse ¿se pueden hacer proyectos críticos,  de “izquierda” desde la clase media?, o ¿la condena de la clase media es afirmar/aspirar a insertarse en el estatus quo a través de simulacros de la crítica?

2. Su relación con el circuito del arte

Es importante saber si emprendemos un proyecto cultural autogestivo como una forma de crear una escalera al cielo o una puerta de atrás de acceso al circuito del arte.

Si decimos que no utilizamos lo autogestivo de manera arribista, entonces deberíamos cumplir las mínimas funciones que José Luis Brea plantea en su Pequeña teoría sobre la independencia.

Primero, la independencia se define entre su capacidad de criticidad y una visibilidad cero. Es decir, su efectividad crítica depende de cierta visibilidad para definirse como un elemento dialogante, pero la independencia empieza a endurecerse, perder flexibilidad cuando adquiere tal visibilidad que se vuelve blanco de la institucionalización.

Segundo, debe adquirir cierta factibilidad. Estructurarse en tal aparato flexible que logre un equilibrio entre gasto que requiere mantenerse operando y la cantidad de público que empiece a ganar como adeptos dialogantes para asegurar la consistencia de sus contenidos.

Tercero, la independencia depende de su capacidad de autoedición. Es decir, debe mantener al control de los dispositivos y mediaciones del hacerse público.

Y, cuarto, mantener un dinamismo tal que pueda responder y ser eficiente en el flujo que implica esta simbolización del poder y de las distintas comunidades que conforman la sociedad.

Los objetivos de esta independencia deben ser a) dar presencia ante la ciudadanía a nuestros actos de opinión e interpretación, a nuestras actuaciones de producción cognitiva y crítica; b) producir redes y comunidad y c) fragmentar el discurso monolítico del poder.

3. Su relación con lo precario

Dado que muchos proyectos autogestivos surgen del voluntarismo, es importante definir nuestro puesto frente a la precarización. ¿Lo autogestivo es una elección tomada en libertad o es la condena de los jodidos, todos los demás, nosotros, los desconocidos?
La mayoría de las veces ganar 3 o 4 apoyos o financiamientos no nos salva de la precarización de nuestro patrimonio personal.

El modelo 1, el “oficial”: De los grupos… las estéticas institucionalizadas

En la mayoría de los textos e historias de la cultura y el arte se ubica a lo autogestivo como una respuesta de la ciudadanía hacia la quiebra del Estado como promotor de la cultura. Quiebra de legitimidad evidenciada por el movimiento estudiantil del 68 o las brigadas autogestivas que permitieron la restauración post-terremoto del 85.

Quiebra  económica tras las recurrentes crisis iniciadas en los setenta y el surgimiento del CONACULTA como nuevo esquema de asistencialismo estatal a la producción cultural.
Quiebra de representatividad ante la multiplicación de representaciones de los márgenes, las minoritarias, las diferencias manifiestas en el movimiento zapatista de 1994.

Esta vertiente terminó legitimando en la exposición de 2007 en el MUCA, La era de la discrepancia, las estéticas de los grupos –de los setentas y las de los noventa– como si fueran una y la misma cosa.

Modelo 2: La producción cultural en época de capitalismo cognitivo

Si cambiamos de modelo explicativo este halo de heroísmo desde la resistencia se torna en un cambio en el modelo de producción en la era del capitalismo cognitivo.  

Si comparamos los proyectos autogestivos con la banca por internet ¿estamos presenciando al ciudadano tomando el control de su gestión (cultural) o es el ciudadano trabajando (gratuitamente) para el banco/estado haciendo con su trabajo y sus fondos la labor cultural que debería hacer el Estado?

Si los comparamos con el Programa emprendedor de Tec ¿es un programa que le da herramientas a los alumnos/ciudadanos para destacar en el ambiente competitivo de la economía global o es un parche ante la imposibilidad de proveer a los egresados de un trabajo remunerado en la crisis económica de los 70?
Ya analizamos a fondo esta problemática en otra entrega. Los proyectos autogestivos es una forma de trabajo  flexible en la que, en vez que los ciudadanos tomen el control de la gestión cultural, se le pide que sean ellos, aún en desempleo, los que la patrocinen.

Modelo 3: Los mamíferos superiores y los invertebrados

Loreto Alonso, en su tesis que está en prensa, ofrece un modelo para entender las prácticas artísticas en esta época. Siguiendo el modelo de las especies animales dice que regularmente juzgamos y visibilizamos los fenómenos de producción cultural de los mamíferos, pero que de los invertebrados nadie describe sus prácticas, a pesar de que son mayoría.
Este modelo de los invertebrados nos provee distintos niveles de vida conviviendo y sobreviviendo en un sistema orgánico equilibrado; el cambio de escala visibiliza y contextualiza prácticas antes invisibles; provee de una variedad morfológica y estructural que amplía el entendimiento de las distintas prácticas; ve las prácticas autogestivas como parte de un sistema amplio que entabla relaciones (más que de supervivencia del más fuerte) de colaboración, homeóstasis, equilibrio…

La condena de lo autogestivo

En otro post escribía sobre la producción cultural siguiendo la metáfora de que también los enanos empezaron desde pequeños y de la necesidad de ganar esta pelea de la producción cultural, por puntos más que por knock out.
Al término del taller concluía sobre la necesidad de ubicamos en esas amplias coordenadas si no queremos vernos sometidos a la condena de lo autogestivo: que pensando en que también los enanos empezaron desde pequeños, pongamos un circo y nos crezcan los enanos.

Luego, pensándolo mejor, ante las inquietudes y reacciones autocríticas de los asistentes al taller, mesa, organizadores y mía propia, creo que los proyectos autogestivos (si están perfectamente localizados y no se someten a las falsas promesas del medio) pueden resultar –en este circo de la cultura– los enanos crecidos que, a pesar de un medio adverso, tomen el control de su desarrollo.

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