el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

sábado, 16 de julio de 2011

Sábanas blancas

1

Stephen King en Mientras escribo narra una experiencia aterradora. Una noche, estando acostado en la cama de un cuarto de hotel, pensó en, sintió, todas las experiencias que pudieron haber pasado no solo en ese mismo cuarto, sino en esa misma cama. Crímenes, desolación, violencia, actos de amor, suicidios, llanto, celebración hasta la inconsciencia, rupturas, ritos misteriosos, engaños…

2

La misma naturaleza de los hoteles –cuartos de alquiler por noche– los convierte en contenedores de múltiples experiencias. Sin embargo por una extraña simbolización o alquimia –obra de la publicidad o de nuestra propia ceguera cómplice– hace que cada que llegamos a un cuarto de hotel, sintamos que recién se abre para nosotros. El baño, los armarios, las sábanas nos esperan frescas, limpias y blancas, borrando cualquier huella de las cientos de personas que han pasado por ese mismo cuarto.

3

Pienso en las fotografías de salas de cine de Hiroshi Sugimoto. Vemos la pantalla de una sala de cine completamente blanca, iluminada, como si de ella saliera la luz. Esta luz radiante es el resultado de haber dejado el obturador de la cámara abierto durante toda la proyección de una película. Este blanco inmaculado se logra por la acumulación de cientos y cientos de distintas imágenes.

4

Algo así sucede con las sábanas de hotel. Es la suma de experiencias que sobre ellas se proyectan, lo que produce su blancura. 

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