el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

jueves 25 de agosto de 2011

Piedras blancas

La luna resplandecía clara y los guijarros blancos brillaban como si fueran monedas de plata.
Hansel y Gretel

He dejado, por días, de escribir entradas en este blog.
Llevo más de 10 minutos frente a la pantalla y no avanzo. Sé lo que quiero decir, pero no sé las palabras.

Es como si tuviera frente a mí un montón de piedras blancas y estuviera escogiendo la adecuada para dejar hoy en el camino.

Tomo una. La limpio. La pulo para probar su brillo (además de blancas tienen que brillar con la luna, romper la oscuridad). Luego tomo otras y las comparo.

No me decido por una. Por eso simplemente estoy frente a la pantalla en blanco con la idea de escribir.

Sé que todas esas piedras blancas son para ti. Que, tarde o temprano, las escribiré, pero no me decido hoy cuál darte, cuál poner frente a tus ojos.

No se trata tampoco de entregarte el montón y ya, de dártelas juntas. Lo importante de estas piedras es ir dibujando un camino que te saque del bosque. Saber dónde va la siguiente, que tan retirada poner una de otra para que no sientas que te abandono, que ya no hay más. 

Lo importante es construir una ruta con ellas. Como si tuviera que leer tu mirada, entenderla, para saber qué signo es el que ahora necesita. ¿Correr hacia la próxima o ponerla tan cerca que apenas tengas que dar un breve paso?
En esta ruta, al mismo tiempo que te doy, me quedo yo con algo. No pierdo estas piedras. También me ayudan a mí a salir del bosque, a no sentirme perdido. 

Tal vez por eso me tomo tanto cuidado en escribirlas. Por cada paso que tú das hacia tu centro, yo doy otro en mi propio camino. 

En estas palabras nos encontramos.

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