Se está presentando en MARCO una retrospectiva del escultor Jorge Elizondo. Lo mejor que podemos decir de ella es que parece un manual de cómo no debe hacerse una exposición.
Más es menos
La primera impresión al recorrer las salas es de saturación. Para la tercera sala el espectador está tan lleno de información que necesita un descanso, que ya no se entiende de qué se trata la exposición. Incluso los pasillos entre una sala y otra se llenaron de fotografías.
No se sabe si fue un problema de curaduría, que se la atribuye la directora de exposiciones del museo, Bertha Cantú o de museografía, hecha por Elisa Téllez. Lo cierto es que, en este caso, la mezcla fue mortal.
Entre otras cosas, curar implica seleccionar y mostrar una tesis. El exceso de información parece mostrar que hubo poca selección. Mostrar sólo 35 esculturas parece que a alguien le causó pánico escénico, horror vacui.
Además de las obras se muestran: bocetos, fotos del autor en su taller, estudios en hule o yeso, un video del escultor trabajando, maquetas de escultura pública, fotos de éstas en rompecabezas de piso a techo, dibujos del autor sobre la pared, una proyección del escultor en su taller con alumnos y colegas… además de textos que incluyen frases de otros escultores, frases del mismo escultor y explicaciones de sala…
¿Qué lectura se nos quiere das con todo ese apoyo a la obra? Craso favor le hace todo este “apoyo” pues parece que la obra no es capaz de hablar por sí misma.
La voz de mi ego
Si queremos encontrar la tesis que sustenta la curaduría nos enfrentamos a otro problema. ¿Es una tesis, a estas alturas del partido, querer hacernos ver a Elizondo como si fuera el redivivo Miguel Ángel?
Desde el pseudo-poético nombre de la exposición “La voz de mis manos”, hasta el dibujar directamente sobre la pared (recordamos que en otra exposición que montó Elisa Téllez, Alberto Cavazos en el Centro de las Artes, recurrió al mismo truco) parece que se pretende ensalzar al escultor.
Tal vez Elizondo metió demasiada mano en la exposición, pero el resultado de esto es que el ego del escultor tiene más presencia en salas, que su trabajo.
Las paredes como protagonistas
Pudo ser también un problema de museografía. ¿De quién fue la decisión de, en una exposición de escultura, llenar las paredes y así quitarles su función de fondo que dialoga y hace resaltar las formas escultóricas?
Recordemos que Newman ironizó al definir la escultura como “aquello con lo que te tropiezas cuando te haces para atrás para ver mejor una pintura”. Pues el montaje de esta exposición volvió realidad la ironía.
Las esculturas de Elizondo es aquello con lo que te tropiezas cuando te haces para atrás para leer mejor un texto, ver una foto o un video que saturan las paredes.
Si ud. quiere saber cómo no montar una exposición, no deje de visitar la que actualmente se exhibe en MARCO de Jorge Elizondo.



eduardo, recibe un saludo. ¿de verdad nadie a comentado este texto? ¿nadie coincide y nadie replica? ¿nadie dice 'tienes razón' o 'eres un amargado'? o ¿simple y sencillamente estamos rodeados de silencio a medias. todos los dicen y piensan algo, pero temen compartirlo.?
ResponderSuprimirgracias por el comentario, ismael. no se si soy yo el que deberia contestarte. los unicos comentarios, ademas de los tipicos "like", fueron en fb. elma dice: "sobre todo ese comentario de miguel angel... yes!" y mayra comenta: "dicen que la que mejor predica es la hormiga y no habla". lo extraño es que tu comentario a este post puede extenderse a todo el blog. llevo mas de un año y 130 posts y no he recibido mas de 15 comentarios. debes tener razon de ese silencio que nos rodea, pero no por ello hay que dejar de poner nuestra parte del dialogo en espacios publicos. saludos.
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