Al responder las preguntas de dos amigos (Loreto regresó, después de meses y Alberto que llegué a su casa en Cholula, pues pasé unos días allá) sobre los últimos acontecimientos en Monterrey, me hice consciente de dos temas importantes: el caudillaje y la violencia ejercidos por los corporativos.
Recordé un pasaje en el que Fuentes Mares narra cómo, en la época de la guerrilla urbana y los secuestros, Eugenio Garza Sada (Don Eugenio) decidió armarse y cargaba, además de su guardia personal, con un revólver.
Fuentes Mares apunta “La resistencia que opuso el anciano hombre en su intento por defenderse con la vieja pistola que portaba, desató la balacera en la que el empresario fue abatido.”
Esta coincidencia del caudillo empresarial ("capitán de la industria") y la decisión de armarse hay que considerarla hoy como origen de muchos de los problemas que aquejan a la ciudad.
Don Eugenio como caudillo
Tanto Alex Saragoza, como Lylia Palacios han estudiado cómo la política de bienestar de los empresarios generó una fidelidad entre los trabajadores y los pobladores de Nuevo León hacia los esquemas ideológicos del capital y contra cualquier política social del gobierno.
“Los resultados reales en cuanto a la obtención de vivienda, la prestación de servicios médicos privados, el disfrute exclusivo de espacios para la recreación, escuelas y becas para la educación superior, entre otros beneficios, contribuyeron a ponderar los valores más cargados de la diferenciación de clase, el chauvinismo regional acerca de la laboriosidad del regiomontano, la promesa de ascenso social como resultado de la cultura de trabajo y comportamiento sindical subordinado. ” dice Lylia Palacios.
Aun con la crisis de los setenta que amenazó con la quiebra de estos corporativos, con los cambios en sus políticas de beneficios y su transición hacia el trabajo flexible, la solidaridad no sólo de los trabajadores sino de la población entera sigue fiel a los corporativos y hostil hacia el gobierno.
Nadie está muy consciente que esta “falsa consciencia” (basta con ser trabajadores, aspirar a vivir bien, encerrados en el individualismo competitivo) es una forma de violencia simbólica por la frustración que implica para la mayoría de la población y las desigualdades que produce.
Nadie parecemos estar muy a gusto con este aislamiento social, con esta solidaridad a la empresa que nos impide participar políticamente y unirnos para demandar nuestros derechos.
Son sintomáticas esas voces que piden “volver al Monterrey de antes”, trabajador, pacífico, tranquilo. Un Monterrey pacificado ideológicamente por la búsqueda de capital que, en parte nos condujo a esta situación social que hoy padecemos. Ese volver al Monterrey de antes es un Regreso al Planeta de los Simios.
Guardias blancas
Ese Monterrey pacífico de antes siempre ha sido un Monterrey armado.
Desde los setenta hay gente armada transitando las calles en convoyes. No son el ejército. Son grupos paramilitares. Son las guardias personales de los empresarios.
No es secreto que tras la muerte de Eugenio Garza Sada los corporativos son asesorados por especialistas israelíes para formar sus grupos de protección y hacer su labor de inteligencia.
Desde los setenta que llegué a vivir a Monterrey es cotidiano ir por la calle y que se nos cruce y nos saque del carril uno de estos autos blindados por abrirle paso al empresario, la esposa o los hijos de éste.
Desde hace muchos años, dentro de las universidades privadas hay armas… de los guaruras que acompañan a veces hasta dentro del salón a algunos estudiantes. En ciertas colonias, fuera de las casas o los restoranes, cerca de parques, están estacionados estos hombres armados platicando, esperando ser requeridos.
El enfrentamiento en el Colegio Ameriano el año pasado evidenció que estos grupos de protección conforman un ejército que rondaba las calles de la misma manera que los narcos y la policía federal.
Somos rehenes de este enfrentamiento violento que apareció en las calles de Monterrey, no hace unos años, sino que ha estado presente por décadas, aunque naturalizado por ser parte de esa cultura empresarial y de ¿paz? que queremos que se restablezca.



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