el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

martes 11 de octubre de 2011

¿Cómo dar a leer imágenes en movimiento?

(Tengo muchas cosas en la cabeza y mucho trabajo. Intentaré, en este espacio, ir drenando esas ideas)

1.

Entre el 24 de junio y el 25 de septiembre se llevó a cabo en MARCO la exposición Blockbuster cuyo subtítulo rezaba: cine para exhibiciones, con un atractivo programa de videos.

Ser espectador de video es enfrentarse a algunos desencuentros: soportar parado o sentado en el suelo la proyección; enfrentarse a monitores apagados o descompuestos; hacer una lectura desarticulada por no saber la duración del video y decidir entrar a la mitad; no tener idea de qué es lo que se está viendo pues, para aprovechar la infraestructura, en el mismo monitor se proyectan varios videos en loop y la cédula no tiene referentes visuales, solo nombre y autor, si acaso, duración…

A instituciones que se conciben como “espacios” les es difícil dar a leer imágenes en movimiento.
Una de las intenciones de la exhibición es “crear un nuevo tipo de relación entre exposición y espectador: para que los programas en constante rotación puedan ser experimentados en su totalidad, se requiere de un espectador que visite con cierta regularidad el museo. Con ello, se pretende propiciar un diálogo más activo entre audiencia e institución”.

Para esto la exposición contó con mobiliario cómodo y adecuado para la proyección, sea de 4 minutos o de hora y media; cédulas con referencia visual, además de la duración y el orden de la proyección de los videos; ofrecía 5 programas distintos con 4 o 5 videos cada uno y una duración de 2 semanas; contaba con una sala de consulta con material bibliográfico de los productores o directores que se estaban exhibiendo y tenía material impreso de apoyo (programas de mano y carteles) donde uno podía consultar fechas, días y horario de proyección.

2.

Para matizar nuestra queja de espectador y la oferta de esta exposición, habría que recordar que en Monterrey ya se había dado una propuesta similar hace 12 años.

Mario García Torres, Aldo Chaparro y Alfredo Salazar gestionaron una retrospectiva de videoarte seleccionada del acervo del MoMA.

Sh(o)ot era el título de esta retrospectiva de lo más representativo del video-arte (Acconci, Paik, Serra, Baldesari, Nauman, Hill, McCarty, Burden, Viola…). Durante 6 días se proyectaron en la Cinetaca de Nuevo León estos videos antecedidos por una mesa de discusión y precedidos por una conferencia de la curadora de cine y video del MoMA, Sally Berger.
En los organizadores había cierta conciencia de la problemática de este dar a leer la imagen movimiento. 
García Torres decía “el primer planteamiento es que no queríamos que fuera una exposición”; Salazar complementa “es importante que una institución como la Cineteca esté presentando videos, porque se entienden de una manera diferente cuando uno los ve parado en un museo, en un monitor, en un antro o en una sala con asientos, tiene una relación y una percepción muy diferente.”

¿Qué ha pasado en este lapso de 12 años que parece que no se ha aprendido la lección, que no se ha retomado esa propuesta?

3.

Si bien la exposición Blockbuster toma en consideración la distinta forma de recepción entre la imagen estática y la imagen en movimiento, parece que, en su propuesta paralela de cotejar cómo los lenguajes cinematográficos han influido en los productores de video, hubo un déficit.

Esta propuesta de “cine para exhibiciones” vuelve a encadenarnos/convocarnos a un “espacio” en una época en la que la exhibición cinematográfica está sometida a la movilidad.
Sea vía los DVDs de renta o a sitios como YouTube o Cuevana, cada vez menos asistimos a salas a ver cine, a horario específicos, para ver las películas que nos interesan.

La asignatura pendiente que tiene este exhibir en espacios culturales, espacios de arte, la imagen en movimiento es competir o asimilarse a la corriente (stream) de imágenes que representa la red.

Lo que exposiciones como Blockbuster evidencian es que las instituciones de arte contemporáneo, más que a la vanguardia, están a la retaguardia en su manera de dar a leer imágenes al público.

Y mientras así sea, seguirán con salas vacías, por más cómodos que sean los asientos que provean.     

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