el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

sábado, 22 de octubre de 2011

Requiem a la patria


Desde que empezó esta guerra (contra el narco), esta militarización de la vida. No solo ha cambiado la función del ejército sino que ha sido necesario generar toda una campaña para limpiar su imagen debido a que en las calles su actuar no ha sido tan limpio.

Tal parece que la vida nacional se dirime hoy en promocionales. Sean de Nescafé, Coca-Cola o del ejército son más efectivos que cualquier otro mensaje, discurso o acción política.

Por eso es importante que los mensajes sean claros y que no se presten a segundas lecturas o ambigüedades como parece ser el caso de éste.

Esta campaña se centra en justificar que todo lo que el ejército hace (todo), lo hace por amor a la patria.

Empieza con unas escenas de funerales militares seguidos por el estribillo: “amar a la patria… es dar la vida”.
Inmediatamente surgen las preguntas ¿La muerte de los militares quiere eclipsar la muerte de los civiles, igualarla o invisibilizarla? Los militares mueren en “el cumplimiento de su deber” pues así lo han jurado, ¿las muertes de civiles también abonan el amor a la patria o su cuestionamiento?

Le siguen escenas de desfiles militares y la frase “el honor es más fuerte que los enemigos”.

¿Tiene claro quién es el enemigo los soldados de los retenes que le han disparado a civiles sin el menor recato?

Luego escenas de la actuación del ejército en los desastres naturales que dice “no es la fuerza… sino amor a la patria”.

Le siguen escenas de soldados armados, en entrenamiento, con la frase “solo ellos tienen el coraje para hacerlo bien hoy, para hacerlo bien mañana”; haciendo evidente la contradicción de que, en el fondo, sí es el uso de la fuerza lo que priva hoy en las acciones del ejército.

Cierra con la contundencia de “Es su destino… amor a la patria”.

Puede que ese sea su destino, pero ¿cuál es nuestro destino con el ejército habitando las calles?
Para cerrar el cuadro de ambigüedades todas estas escenas tienen como fondo la música de la película Requiem for a dream. Quiero pensar que el sentido es hacernos evidente que el mundo de las drogas no nos lleva a nada bueno.

Pero puede leerse que esta muerte del sueño de bienestar por la violencia del narco, da la justificación para el uso de la fuerza y la militarización.

¿El sueño de quién ha terminado? ¿la presencia del ejército representa, más que el amor a la patria, más bien el Requiem a la patria?

Gobernar a través de la televisión tiene sus contratiempos, pues finalmente, como receptores no recibimos los mensajes de manera incuestionada, sino que hacemos sentidos con los mensajes de acuerdo a nuestra necesidad y nuestra experiencia. 


Y con respecto a esta militarización de la vida, nuestra experiencia no ha sido buena.

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