el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

lunes 24 de octubre de 2011

Vuelo

No bird soars too high, If he soars with his own wings
William Blake


1.
Esta semana estuve celebrando un hecho extraordinario.

Después de 30 años X venció una fobia acendrada y cultivada minuciosamente y se subió a un avión para asistir a un concierto.

Cierta manifestación de claustrofobia le impedía tomar elevadores, atravesar puentes peatonales y subirse en aviones.

Lo que celebramos con una botella de vodka fue esta potencia que el vuelo nos provee. Ese disfrutar cómo se acercan ciudades, eventos y afectos gracias al transporte aéreo.

2.
Por esos días le platicaba a Y de los objetos simbólicos que guardo en el mismo mueble donde tengo mis cuadernos.

Ahondamos sobre caracolas, fósiles y esqueletos que conservo en una vitrina. Uno de esos objetos sobre los que particularmente platicamos fue unas alas de pájaro que, a pesar de estar ligadas a un esqueleto, se mantienen tapizadas de plumas como queriendo subrayar la trascendencia del vuelo.
3.
Estas dos conversaciones no solo tuvieron como tema el vuelo, sino que se dieron en un contexto de vuelo frágil.

Cada año, en esta época, atraviesa la ciudad un cúmulo de alas naranja. En su tránsito migratorio, miles de mariposas esculpen en nuestro aire cuerpos, sensaciones, colores.

La conversación con Y estuvo ambientada por una nube de mosquitos que aprovechaba cualquier descuido para alimentarse con nuestra sangre.

4.
Las dos conversaciones insistían en la capacidad liberadora del vuelo. En la importancia de sobreponerse al miedo y disfrutar la experiencia de despegarse de la gravedad que nos mantiene ligados a la tierra.

Sin embargo el contexto, del que no se hablaba, tiraba hacia otra parte: el vuelo como ritual de vida/muerte, como un intento desesperado por perpetuar, ya no la vida individual, sino la especie.
5.
Por alguna razón, el vuelo cotidiano de los mosquitos y su dependencia de la sangre me hace relacionarlo con situaciones simples de la existencia.

Es su intensidad, su ansia, lo que da trascendencia a su vuelo efímero.

6.
Más que la Victoria alada, el vuelo de un mosquito.

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