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He visitado la exposición La Lengua de Ernesto, actualmente en elMuseo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), en dos ocasiones.
Una el 21 de diciembre y la otra, esta semana (18 de enero).
En este plazo se han dado algunos cambios en la forma en que la institución se relaciona con sus espectadores.
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El día de mi primer visita coincidió con una nota periodística en la que se enfatizaba “Los visitantes a Marco están tan acostumbrados a quedarse detrás de la línea que siempre se les marca que no se atreven a tocar las instalaciones de Ernesto Neto, mucho menos ¡tirarse en ellas!”
La nota ahonda “Hemos visto que la gente no sabe que se puede meter a esta pieza, ni cuál es su sentido.
Llegan con miedo y no saben si tocarla o no tocarla", comenta Aleyda Viornery, coordinadora de programas para jóvenes y adultos de Marco.”
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Esta problemática nos enfrenta, primero, a la tendencia vanguardista de romper las barreras del museo de generar contemplación extática hacia las piezas de arte y buscar alternativas más participativas, más cercanas a los públicos.
Segundo, a la interpretación o relectura que hizo el arte latinoamericano de losconceptualismos como esquemas sociales (cfr. Camnitzer), no tanto el conceptualismo como aportación meramente formal, como lo que sucedió en Estados Unidos.
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Independientemente de la propuesta de cada pieza, opera el peso de la institución: cuando a un público se le plantean opciones participativas, resulta que el peso de años de pasividad y distancia no pueden salvarse tan fácil.
En este contexto se entienden las declaraciones de los funcionarios del museo y su decisión de hacer visitas guiadas que motiven la participación del público.
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Para mi segunda visita otro panorama era el que privaba.
Además de estas visitas guiadas “motivadoras” encontré una serie de “dispositivos” que cualquiera podría entender como ayudas para la mejor participación de los públicos. Al entrar, entregan una hoja con un mapa que indica cuáles son las “Únicas piezas interactivas de la exposición”.
Este documento añade, “El resto de las obras NO SE TOCAN ”.
Ya en las salas, junto a estas piezas participativas, hay una cédula que proporciona las “instrucciones de uso de cada pieza”. Indicaciones tan precisas y absurdas como las siguientes: “Cupo máximo, dos personas”, “Puede subirse al colchón, pero sin zapatos, o puede sentarse en él”, “Puede acostarse y sentarse sobre las pelotas, pero no aventarse sobre ellas”…
A las demás piezas, sobre la ficha técnica, se añadió una señal de “No tocar”.
Toda la exposición por estas nuevas señales en salas, más que la invitación a que el público se atreviera a participar, parecía un campo minado para el espectador.
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La impresión final que me dejó este segundo recorrido fue peor que toda esa tradición de normas y distancia que se ha creado, por siglos, en los públicos.
En vez de generar esquemas de libre participación y juego que proponen estas piezas; tantas “instrucciones”, prohibiciones y señales, evidencian que las instituciones museísticas siguen siendo regidas por políticas jerárquicas y poco participativas. Con la única diferencia de que ahora lo hacen bajo una apariencia de apertura y libertad.


Pregunta: ¿te parece que la inclusión de instrucciones realmente puede formar públicos obedientes y disciplinados?
ResponderSuprimirPregunta 2: ¿al mundo no le hace falta un público obediente y disciplinado?
Pregunta 325: ¿el público obediente y disciplinado se aleja de los esquemas de libre participación y juego?
sol, gracias por tu lectura y por tus preguntas.
ResponderSuprimirla diferencia que yo veo es entre 1) provocar la libre y creativa participacion y el juego y 2) el participar dentro de un sistemas de instrucciones y limitaciones que vienen desde un esquema jerarquico, y pensar que eso es "libre". lo que que veo en esta expo es 2. una serie de permisividades incuestionadas desde la jerarquia que afirman la obediencia con apariencia de libertad.
no creo que lo que le falte al mundo un publico obediente y disciplinado. creo que lo que le falta al mundo es redistribuir la toma de decisiones y lograr real representatividad. es decir, un publico, una sociedad disciplinada y obediente no protesta, asume la ideologia del otro como propia... cualquiera puede pensar que estamos mal porque somos un desmadre como sociedad, tiramos basuras donde se nos antoja, no seguimos las reglas... ser parte de la cultura subalterna y sin alternativas de ser (empleo, vivienda digna, voz, acceso a la informacion...)y lo que necesitamos es orden y progreso... yo pienso que la indisciplina y el desorden viene principlamente de quienes tienes la capacidad de decision por capital o por autoridad
tu ultima pregunta no se si es sarcasmo, si no me parece, cuando menos, un oximoron... si la obediencia y el juego generan esquemas de libertad y juego. el ejemplo simple de esto es la paradoja o el esquema esquizofrenico que implica (tal como lo plantea wazlawick) la propuesta/orden de "se espontaneo" que nos pone en un dilema irresoluble...
estamos en este dialogo