No podemos juzgar lo que pasa en Mty si no lo vemos dentro del fenómeno de desarticulación (económica, urbana, educativa, de representación y seguridad…) que se evidenció en los últimos años en la ciudad como natural consecuencia de una cultura del capital establecida desde principios del siglo XX.
Las actuales condiciones más que el fracaso del paradigma cultural regiomontano, son su natural consecuencia.
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Primero, la desarticulación de una cultura empresarial basada en la búsqueda del capital que se simboliza en la solidaridad del empleado gracias al sistema de beneficios empresariales.
A partir de las crisis de los 80 se evidencia la inoperancia de este modelo de aparente alianza entre obrero y patrón contra la corrupción gubernamental.
Con la reciente venta de la empresa fundadora del sistema de capital en Mty (Cervecería Cuauhtémoc) a la empresa transnacional Heineken, se evidencia el objetivo subyacente de esta política de beneficio social y solidaridad dueño-empleado.
Se hace claro que el capital siempre fue la lógica tras las empresas del grupo Mty. El cambio del modelo de beneficio social al de trabajo flexible, y su desmaterialización, deja ver un interés meramente financiero a largo plazo al instituirse como accionista del grupo Heineken y despreocuparse de los intereses territorializados en su entorno y sociedad.
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Por otro lado está la desarticulación que se ha dado de la esfera pública. La “planeación” de una ciudad separada por sectores y diseñada para coches, una ciudad hostil para la vida pública, con amplias zonas baldías que operan como colchones que mantienen aislados a los distintos sectores sociales para que nunca se encuentren.
Una ciudad con un pésimo transporte público resultado de la corrupción entre del gobierno y su complicidad para mantener separados y agotados a los trabajadores de sus familias y núcleos sociales para volverlos productivos… pero sin tiempo libre.
Desarticulación urbana que hizo crisis con el huracán Alex, y que al fracturar realmente la ciudad evidenció problemas añejos de funcionalidad en las redes de comunicación, espacios de contacto entre la población, y entre los diversos sectores sociales.
Con todos los trabajos públicos para restablecer y rediseñar las vías de flujo urbano, con el antecedente de los bloqueos por parte del narco como presión y desestabilización social, con lo peligroso que implica atravesar la ciudad, los helicópteros que atraviesan nuestro espacio aéreo simbolizan, tejen, en esa persistente vibración, la complejidad de una jerarquía económica que siempre tiene la opción de salvar los obstáculos sociales, de una estructura gubernamental que siempre se ubica por encima de los problemas sociales y la permanente vigilancia de los sistemas de seguridad estatales.
La pérdida de horas-hombre productivas en los rodeos y atascos de tráfico revelaron un nuevo fenómeno. En lugares como Starbucks confluían miles de desempleados recortados de los mandos medios por las empresas en esta crisis, convirtiéndose en estaciones de trabajo flexible.
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La única forma de articulación social válida en Mty era a través del espectáculo (masivo), antros, conciertos, rodeos, futbol. Lo cual genera una forma de contacto social a través del alcohol y la diversión.
La inseguridad proveniente del narcotráfico, no es un proceso ajeno a la cultura del capital de Mty, al contrario, es la última consecuencia de este sistema basado en el trabajo alienado y la cerveza, esa necesidad de producir estados alterados, como forma de equilibrio a la alta competitividad de la industria. Este esquema de capital basado en la experiencia y el espectáculo y donde se filtra siempre la corrupción corporativa, la neurosis y la evasión necesita de las drogas legales o ilegales…
Es evidente que la verdadera transformación hacia la economía inmaterial y el capitalismo cultural para reactivar la economía, pretendida por el Forum Universal de las Culturas, no fue a través del turismo y del diseño; sino hacia la pauperización de la sociedad y el triunfo de la economía del narco (basada en la experiencia y la cultura de la juventud).
La guerra, por territorio entre carteles, y por la legalidad entre el ejército y el narco, evidenció esta dependencia de la cultura del espectáculo y la experiencia en la que se cimentó históricamente el capital regiomontano.
Extrañamente la inseguridad en que vive la ciudad ha fomentado más el surgimiento de pequeñas comunidades que conviven en espacios privados, familiares, a través ya no del espectáculo, sino del diálogo, el desahogo y la experiencia cara a cara.
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En los últimos meses testificamos también la desarticulación de la propagación ideológica y de la producción de capital social y cultural que se da a través de la educación.
El modelo educativo del Tecnológico de Monterrey, se convirtió en el bastión ideológico de la empresa y el capital. A partir de que la inseguridad toca estos procesos (balacera en el Colegio Americano, incursión del ejército al campus del Tec y muerte de dos de sus alumnos…), se evidencian las debilidades de este modelo.
Por un lado, el tiroteo en el Colegio Americano visibiliza la existencia de guardias blancas armadas que recorren la ciudad, promovida por los corporativos desde los setenta.
Por otro, el mismo rector del Tec declara que el Tec equivocó su modelo educativo, y debieron educar a sus alumnos, no de manera desideologizada; sino con un esquema crítico y social que pudiera evitar las desigualdades y el desmadejamiento de la sociedad en vez de enfatizar el triunfo del capital. Y en un acto de coherencia, renuncia.
La desbandada de estudiantes por la inseguridad, ha creado vacíos, tanto a nivel de la economía que sostiene, como del tipo de vida que materializa: la renta de inmuebles, el entretenimiento y el consumo de diseño, evidencia que la reproducción de esta ideología del capital, que sostiene a estas universidades, está en franca crisis.
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Existe finalmente una desarticulación simbólica y de representatividad. La metáfora que se da entre los tapados que, a pedido del narco, bloqueaban las calles para ejercer presión ante el gobierno y los cuerpos del ejército y de seguridad que también aparecen tapados, evidencia esta crisis de representatividad.
Ante unos gobernantes que no dan la cara o que repiten un discurso vago, son estos miembros del ejército o de la policía federal los que enmascarados “dan la cara” a la sociedad. Los tapados, por otro lado, además de representar la “opacidad” del narco, representan sobre todo a esos grupos sociales anónimos que quedaron rezagados del desarrollo que tanto pregonaba Mty.
Los medios durante años han estado reproduciendo la violencia que se produce en la sociedad. Los noticieros se han solazado durante años con accidentes, riñas y violencia intrafamiliar. Esa violencia patente en la sociedad, al ser mostrada en los medios, se generaliza como símbolo social y constituye una violencia simbólica en la que se funda la sociedad.
Como sociedad necesitamos producir autorepresentaciones y manifestaciones que simbolicen nuestra angustia; si no estaremos a merced de las que nos provee Nescafé o Coca-Cola.
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Esta serie de desarticulaciones funda los obstáculos, pero también las oportunidades que como sociedad tenemos para desarrollar los espacios alternativos para la configuración de una esfera pública y ejercicios para simbolizarnos.
Por un lado la crisis hace cada vez más difícil el emprender proyectos independientes pero pone la mesa para alianzas o para la formación de colectivos.
La sobre oferta de renta de inmuebles podría abrir posibilidades para tener un espacio a menor costo, pero el abandono de la esfera pública por la inseguridad parece volver más arriesgado el emprender estos proyectos o tal vez los “invisibiliza” por estarse dando en espacios privados.
Parece que la sociedad vive un renacimiento de la relación cara a cara. Tal vez muchos grupos están también retomando estos espacios privados para reconstruir la esfera o pública, pero no son visibles todavía sus resultados.
La evidenciación de todas estas desarticulaciones que vivimos nos ha cimbrado a todos. Estamos en un momento de crisis. Un momento donde se están gestando nuevas formas en las que retomar las prácticas sociales, la forma de relacionarnos y la necesidad de reconstruir la esfera pública.
Un proyecto comunitario alternativo tendría que 1) encontrar nuevas formas de simbolizar, dejar las prácticas sociales tradicionales encaminadas a los espacios institucionales o a los medios; 2) asumir su responsabilidad frente a la necesidad de crear sentido y conversaciones a través de esquemas de educación alternativos a la institución 3) producir espacios de sociabilidad lejos de la tradicional jerarquización y privatización que se dan en el espacio del capital, es decir, más cercanos a la comunidad y de la conformación de una esfera pública 4) generar espacios de reflexión, distribución que pongan a disposición de la comunidad alternativas para simbolizar la angustia, desasosiego, inseguridad que produce la ciudad 5) poner a disposición herramientas que permitan a la comunidad producir mecanismos de representación no alienados por los medios o los gobiernos…
Ese es nuestro reto cotidiano.
La celda, marzo de 2012
(El origen de este texto es resultado de una entrevista vía meil sobre las condiciones actuales de la cultura y fue leído el 11 de marzo en el Foro Colectivo: Reflexiones urbanas en construcción del hoy)