el epitafio como motor de contenidos

Decidí empezar un blog. Cuando hay gente que viene de vuelta de la existencia virtual, yo me decido a explorarla.

A destiempo, a contracorriente.

Para mí, después de más de 20 años de ejercer la crítica en esos medios materiales que son las publicaciones autogestivas, las revistas, los periódicos y, recientemente, los libros, este suscribirme a lo virtual, a lo inmaterial, es también una forma de suicidio virtual.

Escribo este blog como un salto al vacío.

Más que el optimismo de buscar la visibilidad o existencia en este medio; la sensación de desencanto, un espíritu descorazonado de “cansancio de las rutinas sagradas de la existencia” es el que me arroja a esta red.

Quiero pensar que, en esa decepción, reside el espíritu crítico.

Los temas son los de siempre, los que me han creado más malestar: la experiencia cotidiana de la imagen y la tecnología, la relación entre capital, política y cultura.

Comienzo este suicidio virtual. Mi epitafio intenta ser un diálogo continuado.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Campo de relámpagos

1
Recuerdo la primera vez que experimenté una tormenta eléctrica. Salí a enfrentar una lluvia rotundamente anunciada, pero que nunca llegó.

Lo que encontré fue ese espectáculo celeste de estruendos quebrando la noche y  la bóveda celeste.

De acuerdo a mi profunda impresión telúrica, me solidaricé con los primeros habitantes de la tierra cuando, por primera vez, fueron sacudidos por esa fuerza.
2.
En su diccionario de símbolos, Juan Eduardo Cirlot dice que, en la mayoría de las religiones, encontramos una divinidad oculta y el rayo “es la súbita e instantánea mostración de su poderosa actividad.”

3.
Uno de los proyectos más representativos de land art es Lightning field, de Walter de Maria, realizado en Nuevo Mexico en 1977.

De Maria plantó un campo, propicio para las tormentas eléctricas, con pararrayos y esperó a que se diera el espectáculo.

4.
Le contaba a M cómo esa pieza de De Maria era recreada en el espacio íntimo cuando, por el roce de los cuerpos y la electricidad estática, en la oscuridad de esa noche doméstica de la cama, se reactivaba ese campo de relámpagos debajo de la eléctrica cobija.

5.
Hace unos días escribí “la comunicación es un relámpago: una serie de cargas eléctricas que, en el roce, atraen cierta energía, pero que no deciden dónde van a caer.”

miércoles, 14 de marzo de 2012

En la laguna Estigia

1.

No hay ninguna consagración que no se realice del todo en la muerte, mediante ese rayo que en los mitos sirven a los dioses para hacer que desparezca de la superficie del mundo aquel a quien llaman junto a ellos o al que precipitan en los infiernos.

Roger Caillois

El pensamiento de los sagrado provee de un contexto a nuestro actuar cotidiano que acerca y explica muchas de las contradicciones y ambigüedades de lo humano.

No se podría hablar de la muerte –y nuestra diversa respuesta ante ese gran vacío, ante ese misterio– sin considerar la perspectiva de lo sagrado.

La mayoría de las religiones ven la muerte como una transición. Como un viaje entre esta vida imperfecta, finita y otra duradera, atemporal.

Este viaje de los muertos tensa una línea entre dos formas de trascendencia, entre dos orillas: una que busca insertarnos en el mundo eterno y otra que se construye en la memoria para seguir habitando entre nuestros deudos.

2.

Lo profano es el mundo de la comodidad y la seguridad. Dos abismos lo limitan, dos vértigos atraen al hombre, cuando la comodidad y la seguridad ya no le satisfacen, cuando le pesa la segura y prudente sumisión a la regla.

Roger Caillois

Durante mucho tiempo la tecnología nos ha asistido, ante la muerte, para construir un doméstico sagrario de memoria de los nuestros.

Desde las técnicas de momificación y enterramiento, hasta la fotografía, han ayudado a que algún resto, reliquia o recuerdo del muerto quede entre nosotros.

Una imagen, una manifestación de “lo que ha sido”, son datos materiales que nos quedan de este lado para edificar la memoria de lo perdido.

El apego de su pequeña comunidad hacia la memoria del muerto, la define la cantidad y dimensión del altar doméstico que se construye con estas reliquias tecnológicas.  
 
3.

En el fondo, todo sucede como si bastara para hacer sagrados un objeto, una causa o un ser, el considerarlos como fin supremo y consagrarles la vida, es decir, consagrarles nuestro tiempo y nuestras fuerzas, nuestros intereses y ambiciones, sacrificarles en caso de necesidad la existencia misma.

Roger Caillois

Una transición similar a la de la muerte se está dando en nuestros días entre otras dos orillas, entre otros dos mundo con consecuencias tal vez igual de trascendentes.

Cada día más gente emprendemos nuestro viaje de la vida real hacia la construcción de una vida digital.

Emprendemos esta transición porque en ella encontramos una vida más cómoda, más trascendente y una comunidad que nos abraza.

¿Hasta qué punto esta otra transición es tomada por muchos como una forma de sacralización? ¿Hasta qué punto, en esta vida virtual, algunos buscan su trascendencia y su memoria?


4.

Una vez franqueado el límite, no hay retorno posible. Es preciso andar sin descanso por la vía de la santidad o de la condenación, a las que unen bruscamente imprevisibles encrucijadas.

Roger Caillois

En las mitologías milenarias una barca es la encargada de transportar –pacífica y exitosamente– a los espíritus del reino de los vivos al de los muertos.

Una laguna es lo que separa la vida y la muerte en esta tradición mítica. Un símbolo oceánico que nos conecta con lo primigenio y nos provee de un transe reflexivo que valora y contextualiza nuestra vida material.

En la transición hacia la vida virtual también encontramos una breve superficie líquida que nos ubica dentro de esa reflexividad oceánica. La pantalla de nuestra computadora es la breve superficie de esa inmensa laguna.

En el rito milenario, al cadáver se le ponen unas monedas en los ojos o debajo de la lengua. Se entiende que esas monedas son para que el barquero lleve a buen puerto al pasajero.

Si por olvido o carencia el viaje no puede ser pagado, el cuerpo queda errando en la laguna cientos de años sin alcanzar la otra orilla.
   
5.

El pacto con el infierno entraña una consagración, como gracia divina. Quienes lo concluyen, quienes han sido colmados por él, están igualmente separados para siempre del destino común, y turban con el prestigio de su suerte el sueño de los tímidos y de los satisfechos a quienes no tentó ningún abismo.

Roger Caillois

El término ghost in the machine tiene su origen en una crítica a la dualidad cartesiana entre cuerpo y mente.

A raíz de la realidad robótica, este término se ha expandido hacia la posibilidad de una vida “espiritual” en máquinas y robots, una vida “más allá” de lo meramente mecánico.

Cuando coinciden los dos tránsitos –hacia la muerte corporal y a la vida digital– tenemos la oportunidad de volver esa vida, que dejamos en las máquinas, nuestro memorial.

Si no lo anticipamos, si no pagamos al barquero, corremos el riesgo de quedar vagando entre los dos estados, surfeando sin rumbo en una barca digital a la deriva. 

6.

El simbolismo del retorno al vientre tiene siempre una valencia cosmogónica. El mundo entero, simbólicamente, regresa, con el neófito, a la Noche cósmica, para poder ser creado de nuevo, es decir, para poder ser regenerado.

Mircea Eliade

Hemos vaciado nuestra vida cotidiana dentro de este imperio del presente, del instante, de las tecnologías on line.

La red es un mar oscuro e infinito en el que podemos naufragar y sucumbir, pero también nos da la oportunidad de renacer.   

El único misterio de la vida consiste en encontrar la forma de romper el flujo atávico del tiempo e instaurar ese estado detenido dentro de la muerte, que nos asegura la eternidad y la memoria.

  
La celda, diciembre del 2011

(El texto anterior fue escrito para acompañar el proyecto de José Jiménez Ortiz Vivir eternamente en la exposición colectiva El incesante ciclo, entre idea y acción, en el Museo Carrillo Gil)  

sábado, 10 de marzo de 2012

MTY Post II

No podemos juzgar lo que pasa en Mty si no lo vemos dentro del fenómeno de desarticulación (económica, urbana, educativa, de representación y seguridad…) que se evidenció en los últimos años en la ciudad como natural consecuencia de una cultura del capital establecida desde principios del siglo XX.
Las actuales condiciones más que el fracaso del paradigma cultural regiomontano, son su natural consecuencia.
1
Primero, la desarticulación de una cultura empresarial basada en la búsqueda del capital que se simboliza en la solidaridad del empleado gracias al sistema de beneficios empresariales.
A partir de las crisis de los 80 se evidencia la inoperancia de este modelo de aparente alianza entre obrero y patrón contra la corrupción gubernamental.
Con la reciente venta de la empresa fundadora del sistema de capital en Mty (Cervecería Cuauhtémoc) a la empresa transnacional Heineken, se evidencia el objetivo subyacente de esta política de beneficio social y solidaridad dueño-empleado.
Se hace claro que el capital siempre fue la lógica tras las empresas del grupo Mty. El cambio del modelo de beneficio social al de trabajo flexible, y su desmaterialización, deja ver un interés meramente financiero a largo plazo al instituirse como accionista del grupo Heineken y despreocuparse de los intereses territorializados en su entorno y sociedad.
2
Por otro lado está la desarticulación que se ha dado de la esfera pública. La “planeación” de una ciudad separada por sectores y diseñada para coches, una ciudad hostil para la vida pública, con amplias zonas baldías que operan como colchones que mantienen aislados a los distintos sectores sociales para que nunca se encuentren.
Una ciudad con un pésimo transporte público resultado de la corrupción entre del gobierno y su complicidad para mantener separados y agotados a los trabajadores de sus familias y núcleos sociales para volverlos productivos… pero sin tiempo libre.
Desarticulación urbana que hizo crisis con el huracán Alex, y que al fracturar realmente la ciudad evidenció problemas añejos de funcionalidad en las redes de comunicación, espacios de contacto entre la población, y entre los diversos sectores sociales.
Con todos los trabajos públicos para restablecer y rediseñar las vías de flujo urbano, con el antecedente de los bloqueos por parte del narco como presión y desestabilización social, con lo peligroso que implica atravesar la ciudad, los helicópteros que atraviesan nuestro espacio aéreo simbolizan, tejen, en esa persistente vibración, la complejidad de una jerarquía económica que siempre tiene la opción de salvar los obstáculos sociales, de una estructura gubernamental que siempre se ubica por encima de los problemas sociales y la permanente vigilancia de los sistemas de seguridad estatales.
La pérdida de horas-hombre productivas en los rodeos y atascos de tráfico revelaron un nuevo fenómeno. En lugares como Starbucks confluían miles de desempleados recortados de los mandos medios por las empresas en esta crisis, convirtiéndose en estaciones de trabajo flexible.  
3
La única forma de articulación social válida en Mty era a través del espectáculo (masivo), antros, conciertos, rodeos, futbol. Lo cual genera una forma de contacto social a través del alcohol y la diversión.
La inseguridad proveniente del narcotráfico, no es un proceso ajeno a la cultura del capital de Mty, al contrario, es la última consecuencia de este sistema basado en el trabajo alienado y la cerveza, esa necesidad de producir estados alterados, como forma de equilibrio a la alta competitividad de la industria. Este esquema de capital basado en la experiencia y el espectáculo y donde se filtra siempre la corrupción corporativa, la neurosis y la evasión necesita de las drogas legales o ilegales…
Es evidente que la verdadera transformación hacia la economía inmaterial  y el capitalismo cultural para reactivar la economía, pretendida por el Forum Universal de las Culturas, no fue a través del turismo y del diseño; sino hacia la pauperización de la sociedad y el triunfo de la economía del narco (basada en la experiencia y la cultura de la juventud).
La guerra, por territorio entre carteles, y por la legalidad entre el ejército y el narco, evidenció esta dependencia de la cultura del espectáculo y la experiencia en la que se cimentó históricamente el capital regiomontano.
Extrañamente la inseguridad en que vive la ciudad ha fomentado más el surgimiento de pequeñas comunidades que conviven en espacios privados, familiares, a través ya no del espectáculo, sino del diálogo, el desahogo y la experiencia cara a cara.
4
En los últimos meses testificamos también la desarticulación de la propagación ideológica y de la producción de capital social y cultural que se da a través de la educación.
El modelo educativo del Tecnológico de Monterrey, se convirtió en el bastión ideológico de la empresa y el capital. A partir de que la inseguridad toca estos procesos (balacera en el Colegio Americano, incursión del ejército al campus del Tec y muerte de dos de sus alumnos…), se evidencian las debilidades de este modelo.
Por un lado, el tiroteo en el Colegio Americano visibiliza la existencia de guardias blancas armadas que recorren la ciudad, promovida por los corporativos desde los setenta.
Por otro, el mismo rector del Tec declara que el Tec equivocó su modelo educativo, y debieron educar a sus alumnos, no de manera desideologizada; sino con un esquema crítico y social que pudiera evitar las desigualdades y el desmadejamiento de la sociedad en vez de enfatizar el triunfo del capital. Y en un acto de coherencia, renuncia.
La desbandada de estudiantes por la inseguridad, ha creado vacíos, tanto a nivel de la economía que sostiene, como del tipo de vida que materializa: la renta de inmuebles, el entretenimiento y el consumo de diseño, evidencia que la reproducción de esta ideología del capital, que sostiene a estas universidades, está en franca crisis.
5        
Existe finalmente una desarticulación simbólica y de representatividad. La metáfora que se da entre los tapados que, a pedido del narco, bloqueaban las calles para ejercer presión ante el gobierno y los cuerpos del ejército y de seguridad que también aparecen tapados, evidencia esta crisis de representatividad.
Ante unos gobernantes que no dan la cara o que repiten un discurso vago, son estos miembros del ejército o de la policía federal los que enmascarados “dan la cara” a la sociedad. Los tapados, por otro lado, además de representar la “opacidad” del narco, representan sobre todo a esos grupos sociales anónimos que quedaron rezagados del desarrollo que tanto pregonaba Mty.
Los medios durante años han estado reproduciendo la violencia que se produce en la sociedad. Los noticieros se han solazado durante años con accidentes, riñas y violencia intrafamiliar. Esa violencia patente en la sociedad, al ser mostrada en los medios, se generaliza como símbolo social y constituye una violencia simbólica en la que se funda la sociedad.
Como sociedad necesitamos producir autorepresentaciones y manifestaciones que simbolicen nuestra angustia; si no estaremos a merced de las que nos provee Nescafé o Coca-Cola.
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Esta serie de desarticulaciones funda los obstáculos, pero también las oportunidades que como sociedad tenemos para desarrollar los espacios alternativos para la configuración de una esfera pública y ejercicios para simbolizarnos.
Por un lado la crisis hace cada vez más difícil el emprender proyectos independientes pero pone la mesa para alianzas o para la formación de colectivos.
La sobre oferta de renta de inmuebles podría abrir posibilidades para tener un espacio a menor costo, pero el abandono de la esfera pública por la inseguridad parece volver más arriesgado el emprender estos proyectos o tal vez los “invisibiliza” por estarse dando en espacios privados.
Parece que la sociedad vive un renacimiento de la relación cara a cara. Tal vez muchos grupos están también retomando estos espacios privados para reconstruir la esfera o pública, pero no son visibles todavía sus resultados.
La evidenciación de todas estas desarticulaciones que vivimos nos ha cimbrado a todos. Estamos en un momento de crisis. Un momento donde se están gestando nuevas formas en las que retomar las prácticas sociales, la forma de relacionarnos y la necesidad de reconstruir la esfera pública.
Un proyecto comunitario alternativo tendría que 1) encontrar nuevas formas de simbolizar, dejar las prácticas sociales tradicionales encaminadas a los espacios institucionales o a los medios; 2) asumir su responsabilidad frente a la necesidad de crear sentido y conversaciones a través de esquemas de educación alternativos a la institución 3) producir espacios de sociabilidad lejos de la tradicional jerarquización y privatización que se dan en el espacio del capital, es decir, más cercanos a la comunidad y de la conformación de una esfera pública 4) generar espacios de reflexión, distribución que pongan a disposición de la comunidad alternativas para simbolizar la angustia, desasosiego, inseguridad que produce la ciudad 5) poner a disposición herramientas que permitan a la comunidad producir mecanismos de representación no alienados por los medios o los gobiernos…
Ese es nuestro reto cotidiano.


La celda, marzo de 2012

(El origen de este texto es resultado de una entrevista vía meil sobre las condiciones actuales de la cultura y fue leído el 11 de marzo en el Foro Colectivo: Reflexiones urbanas en construcción del hoy)

domingo, 4 de marzo de 2012

Nube negra

1. Economía del afecto en el ámbito cultural
    El jueves 26 de enero recibí un meil de Marie France Desdier en el que me invita a escribir un texto para la instalación de Arturo Hernández Alcázar, Nube Negra-Recesión del Capital, en la Capilla del Arte de la UDLAP.

    En el meil me dice que Arturo le pidió que yo escribiera un texto.

    Conozco a Arturo a través de Abraham Cruzvillegas. Yo editaba la publicación velocidadcrítica y, en 2001, la coeditora de esta publicación dejó la ciudad de Monterrey y aproveché para reestructurar el equipo de colaboradores.

    Le pedí, entre otras personas, a Abraham que invitara gente a escribir. Entre ellos estaba Arturo, que en ese momento era su alumno en La Esmeralda.

    Arturo colaboró, entre 2001 y 2004, con sus textos.

    En el 2004 Isaac Muñoz y Leo Marz, entonces estudiantes, me invitaron a participar en el Simposio de Arte Contemporáneo que organizaba la UDLAP, por sugerencia, me dijeron, de Francisco Reyes Palma.

    Durante mi estancia en el Simposio conocí a Alberto López Cuenca; Douglas Rada, Gustavo Ramírez y Marie France Desdier, entre otros.

    En 2006, por invitación de Alberto, fui a hacer un posgrado en la UDLAP. Mi estancia en Cholula, y la relación con maestros y estudiantes de la universidad, se extendió hasta 2008.

    Desde entonces regreso a Cholula dos veces por año, cuando menos.

    2. (Re)colección de textos publicados en velocidadcrítica por Arturo Hernández Alcázar

    Desde que soy un ocupante de tiempo completo de la Ciudad de México, me ha resultado muy divertido tratar de entenderla como geometría: un dibujo absurdo, lleno de tachones, estados de ánimo, nombres de ejes viales, microbuses y vueltas atrás, mierdas de perros diseminadas como minas listas para explotar.

    La ciudad deviene en una cosa que tiene la sincronía de un intestino de dimensiones groseras.
    Si acaso, en esta idea de multiplicidad de los mundos, existe una responsabilidad para el arte (y no sólo para él), es la de señalar y practicar las diferencias (cada vez más sutiles). No es esto una medida precautoria sobre lo que se nos viene encima pero sí quizá una obligación que asumo como propia: un lugar de resistencia en el que dará toda esta articulación múltiple antes que las mismas diferencias se conviertan en vitrinas de tiendas de artesanías.

    Las cuestiones sobre las prácticas del arte son los procesos de configuración de estructuras mentales y de su inevitable y constante convivencia (infecciosa, iracunda, afectiva y neurótica) con otras, generando un dibujo casi como palimpsesto de un devenir social. 

    Tirar la basura es, quizá, una cuestión de equilibrio. No puedes tirar todo ni dejar todo como está (existe el riesgo de convertir la casa en un museo).

    Lo mejor del arte se da, quizá, no sólo en forma de contenedor sino como conductor y detonador de energías que derivan en dinámicas mil veces más interesantes que ejercicios que se hunden en su propia contemplación.

    Una caja de fotografías que se desordenan cada vez que son revisadas, una casa ocupada de los barrios periféricos, un mercado de pulgas o el contenido de un bolsillo del pantalón, pueden competir con el museo como lugar de conocimiento, sin ninguna dificultad.

    Quizá estar aburrido no sea tan malo, pero siempre es un riesgo, una especie de  apuesta insensata ya no por la libertad, sino por el movimiento. Tal vez los verdaderos nuevos artistas (¿existen?) sean personas que ayudan al mundo preguntándose seriamente si deberían o no  producir obras de arte.

    La obra de arte, creo, se encuentra en una necesidad de generar estas redes de afección, como energía, divagación más que afirmación absoluta o cretina, como dar cuenta de una serie de procesos que concurren en aquel sujeto y en muchas direcciones más, desde una condición de inestabilidad y movilidad constante.
    Lo que interesa en el contexto del arte, no es tanto hablar de la energía como tema, sino potenciarla llevarla a cabo en sus múltiples transformaciones y en su constante inestabilidad; inestabilidad necesaria en tanto deja de ser, el arte, una serie de afirmaciones absolutas, una tabla de resultados o enunciaciones, una lista interminable y aburrida de soportes y, en vez de eso, se transforma en dispositivos puestos en marcha por el sujeto.

    Recoger y tirar cobra sentido en el momento siguiente, cuando vaciamos ese costal y organizamos la experiencia materializada en productos, informaciones e, incluso, sensaciones. Lo que realmente estamos haciendo es registrar el mundo: un pedazo de él o apropiarnos de registros ya hechos: fotos, textos, recortes de periódico, una taza de café, imágenes, boletes de funciones de box, el sonido de un puesto que vende despertadores en la calle, cartas, estampillas postales o de esas que vienen de regalo en las Sabritas, corcholatas de cervezas y todo lo que quepa en ese costal.

    El viajero no tiene nada. No sabe qué pasará, cuándo terminará el trayecto (¿terminará?), si tiene o no lugar al cual regresar. Todo lo puede cambiar, abierto a lo que pase, a cambiar de ruta.

    3. Ecos

    Evidenciar relaciones, economías, procesos de formación de capital (afectivo, económico, simbólico). Editar. Coleccionar. Recoger. Curar. Cancelar. Ennegrecer. Desclasificar. Quemar. Ahumar. Acumular.

    La celda, febrero del 2012

    (El texto se producirá en una serie de 100 fotocopias, foliadas. por un lado estará el texto y por otro una foto de una instalación de Arturo. del texto se borrará (con un plumón esterbrook negro) las palabras como "arte", "exposición", los nombres propios para que dé la idea de un texto (des)clasificado o censurado)